
La madre, con sus cuidados estables y un estado de ánimo previsible en su quehacer, es decir, sin repentinos arranques de furia ni bruscos ataques de amor, permite que las experiencias que va viviendo el bebé tomen creciente significación para él. Con cada una de las funciones maternas, la madre hace que su bebé vaya logrando un estado de confianza y tranquilidad, que será la base del desarrollo de su funcionamiento psíquico.
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